Las vueltas que da la vida.

¡Buenos días de nuevo mundo!

Es cierto que he estado, lamentablemente, mucho tiempo negándome a escribir pero los cambios en la vida son lo que tienen: que para bien o para mal, tomas aptitudes nuevas y seas consecuente con la realidad.

En varias ocasiones me he vuelto a enfrentar a esta página que hasta ahora se mantenía en blanco ¿Pero qué iba a hacer? ¿Me ponía a hablar de otras cosas sin querer hablar de mi experiencia real? Quién me iba a decir que la forma de pensar te podía llegar a cambiar tanto, de un día para otro, por un accidente doméstico. Bueno dicen que los miedos se afrontan cogiéndolos por los cuernos así que ¡Allá voy!

A finales del año pasado (aunque haya tratado de publicar algo desde entonces poco transcendental y sin tanto ímpetu como trato de hacer en todas las cosas), por estar desbordada, estresada y llevármelo todo al terreno indebido, dígase el doméstico, se me fue la mano en la cocina (por decirlo de alguna manera ¡claro!) .

Había invitado a un amigo a cenar para hablar con él y con mi marido de un proyecto laboral. Este invitado es una persona a la que quiero y valoro mucho,  y que desde que la conozco, ha estado conmigo en lo bueno y en lo malo junto a un pequeño grupo (que cuento con los dedos de la mano)  al que quiero con locura. El objetivo de la velada era tener una cena distendida sin tener que estar pendiente de la comida en sí para poder centrarme en el proyecto y otros temas que me inquietaban; por ello decidí realizar entre otras cosas, un tomate a modo de salsa para un provolone. Esta salsa la estaba guisando a 90 grados de temperatura en la archiconocida Thermomix. En el momento de finalizar el guiso, y con el gran sonido que caracteriza a este aparato, cometí el error (por estar en Belén con los pastores y pensando en el proyecto) de quitar la tapadera totalmente del vaso que conforma la Thermomix. Cuando fuí a sacar el vaso de la base, este se encasquilló y tuve que tirar con mayor fuerza para poderlo sacar. El problema fue que al sacarlo con esa fuerza, tratarse de un líquido, y al haber quitado la tapadera totalmente, el tomate de su interior hizo parábola cayéndome desde el nacimiento del cuello esparciéndose por todo el escote hasta la altura del esternón. Obviamente caí al suelo llorando del dolor y junto a mí y con cara de espanto se encontraba mi marido…

¿Los resultados? Quemaduras de segundo grado profundas en toda esta parte del escote más un 10% de las mamas afectadas por “accidentito” doméstico. Teniendo en cuenta el grosor de esta piel y la sensibilidad de esta zona. Sí que es cierto que el mes y medio que duró mi baja fue de las peores experiencias que he tenido en la vida. Sobre todo porque no imaginaba,  ni me habían contado nunca que las quemaduras de este grado  son curadas, como tienen que ser curadas por supuesto en los  Hospitales, pero no me habían dicho que son limpiadas con estropajos para evitar posibles infecciones. No digo más.

Y ¿Por qué os cuento esto? Porque en la vida hay cosas que realmente son importantes y otras cosas que no. Os cuento esta historia porque muchas veces no nos damos cuenta de que hay cosas que nos afectan, que nos estresan, y  nos las traemos a casa sin que realmente valgan la pena preocuparse. Os lo cuento también porque sois muchos que quienes sabiendo esta historia (por encima) se han volcado como si fueran parte de mí en ayudarme en recuperarme y en superar poco a poco el trauma. Y para que aquellos que tengáis una Thermomix, para que NUNCA le quitéis la tapadera al 100%, gran error que comentemos el 95% de las personas que la usamos.

Hoy se lo decía a una gran amiga por Whatsapp, Patricia. Las cosas pasan porque tienen que pasar. A mí me ha cambiado la forma de ver la vida y las cosas; y por ahora, no creo que se me olvide durante mucho tiempo porque lo recuerdo cada vez que me veo el escote frente al espejo. Afortunadamente, dentro de lo malo, la recuperación posterior a ese mes y medio fue muy buena y a día de hoy sólo los que han visto la evolución, notan las cicatrices.

Que conste que las buenas noticias también llegan por si solas, y desde el 23 de octubre que ocurrió este accidente, han pasado cosas maravillosas como que a día de hoy, tras conocernos desde hace 10 años y medio, ya llevamos 3 años felizmente casados (hoy es nuestro aniversario) y que además esperamos un bebé (el domingo ya estaré de 4 meses) .

La verdad es que espero que este post, me ayude personalmente a retomar de nuevo las páginas en blanco del blog y darle vida, y no en cerrarlo como estaba pensando hasta hace muy poco. También espero que esta pequeña experiencia personal, ayuden a aquella gente cercana (y a los que no sois tan cercanos) a valorar el grado de importancia que tienen las cosas en vuestras vidas y a darles el peso real que les corresponde.

Muchas gracias a todos los que habéis leído este post,

y en especial a tí.

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